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Miguel Vitoria

Valores

No entiendo que a esta sociedad del talante y la tolerancia de lo rocambolesco le cueste tanto respetar otros valores; costumbres de sólidos anclajes, con derecho a convivir con visiones sujetas a la volatilidad de la moda y lo pintoresco. Sostenida cada forma de entender la vida por la libertad de las personas.

Vomita la televisión, con una consolidada anormalidad, giros y expresiones -insultos a las convicciones de millones de personas- que de forma injusta e injustificada provocan dolor en quienes, con todo el derecho, construyen su vida sobre los valores cristianos. Desde el "arte" hasta la publicidad se adentran por caminos en los que superan el límite de la libertad para pisotear los derechos de otros millones de personas.

"No hemos pretendido herir a nadie", mienten en rituales gemelos, que se completan con el indiferente: "Si alguien se ha sentido molesto, no era nuestra intención". Siempre igual, con un mimetismo llamativo.

Pero es ésa apenas la punta de un iceberg: llegamos a acostumbrarnos al desprecio de las opiniones de los obispos y se consolida también en muchos ámbitos la ridiculización del Papa, figura excluida del concepto de tolerancia y, mucho menos, de respeto. Sus puntos de vista, imprescindibles en un debate honrado sobre las cuestiones fundamentales, son muchas veces obviados, cuando no satirizados, lo que aparta del análisis un punto de vista principal.

No entiendo que esta sociedad no entienda que hay quien defiende una educación basada en otros valores distintos a la indiferencia moral y al relativismo, que no está de acuerdo en someterse a un nuevo decálogo -nuevos mandamientos, al fin y al cabo- impuesto desde el Estado. Sin duda, quien acepte la intervención del Gobierno -cambiante- en el establecimiento de los valores educativos no objetivos tendría que tener el mismo respeto que quien piense que la educación moral es un derecho de los padres, constitucionalmente reconocido.

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