Ladrones de estelas
(La ausencia de comentarios deja una herida en el alma. La indiferencia es una puñalda que resquebraja el ánimo. Aunque me dicen que hay quien ha querido transmitirme sus ideas y no lo ha podido hacer a través del blog. La esperanza de que alguien me lee puede también quedar reflejada en mgpvitoria@yahoo.es).
Comprendo el alivio de quien, acogotado por el asalto de esta última ola de frío -no recuerdo que al frío lo adornaran antes con tantas alharacas-, encuentra en la huella del quitanieves, pegado al humo de su tubo de escape, el camino a casa, tras un agitado viaje. Admiro la vistosidad de esas pugnas de vértigo en donde el rebufo de una moto permite el descanso del rival antes de un nuevo asalto en la lucha deportiva. Valoro el trabajo de la engrasada maquinaria de esos equipos ciclistas que trabajan para que un velocista tome la estela de su gregarios y rubrique el trabajo común sobre la línea de meta. O, al margen de imágenes deportivas, me inclino ante el trabajo de un maestro capaz de abrir una senda por la que transitan después, apoyados en su ejemplo, también a su rebufo, aventajados discípulos, capaces de agrandar la obra que inició su mentor.
Tal vez con la misma sencillez con la que soy capaz de admirarme detesto a quien se aprovecha del trabajo ajeno: desde el deportista incapaz de ofrecer un relevo o dar un buen pase, a esos profesionales con escaso bagaje, nulo talento y pocas ideas encumbrados a costa del esfuerzo ajeno. A los que veo disfrazados de coche o furgoneta, a rebufo de esas sirenas de ambulancia, mientras el resto de los vehículos abre un pasillo para allanar el paso del grito de la necesidad.
Ventajistas ladrones de estelas.
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