La última llamada
Conmueve, como es natural, la muerte terrible de esa chica de 25 años provocada por las fuertes lluvias en Torre Pacheco, en Murcia. Impresiona imaginar su avance entre la tormenta; el paso de la inquietud al temor ante la intensidad de la lluvia y la pérdida del control del coche, arrastrado por la fuerza de las aguas. Y en esa situación dramática, en la antesala de la muerte, la petición de ayuda desesperada a su familia: “Venid a buscarme, que me ahogo”.
Una última llamada que aspira –y que suspira y que reclama- ser la cuerda que le sujete al futuro –el hoy, el ahora-; pero que se hace dolorosa despedida: una conversación a la que la técnica le roba hasta la compasión, rota de forma tan brutal como la propia vida. Un corte sin ni siquiera un adiós.
Y se encoge el corazón al contemplar la imagen de una familia primero desconcertada y aturdida, y luego deshecha por la impotencia y la angustia de un no saber, que el paso del tiempo va convirtiendo en zozobra. Hasta que se hacen realidad esas sensaciones aún más negras que la tormenta.
Se intenta entender qué pudo pasar y cómo el agua transformó en infierno ese paisaje que la joven había convertido en rutina, en vía de sus viajes diarios.
Se repasa entonces esa llamada última, grabada en el alma. Que movió a la reacción: la salida precipitada hacia ninguna parte, el empeño inútil por volver a comunicar, la solicitud de una ayuda imposible, los nervios y una inquietud que iban acelerando esas sensaciones que anuncian la tragedia.
“Venid a buscarme, que me ahogo”. Despedida injusta y dolorosa, que envuelve de zozobra e impotencia. Y que obliga a volver la cabeza hacia esa familia agitada por la tormenta.
Una historia entre tantos sucesos. Entre tantos…
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