Blogia
Miguel Vitoria

Corazones rotos

Recuperado de la milonga de la alianza de las civilizaciones, echo una mirada a un mundo que me sobrecoge y me sorprende, que me abofetea con imágenes e historias que me siento incapaz de entender. Me aturde encontrar siempre el sentido en el dolor, el nexo que hila las historias que conforman cada informativo, la narrativa de un mundo globalizado.

Me impresionan los ojos desorbitados de los iraquíes –suníes o chiítas- que entierran a esos muertos a los que nosotros ya nos hemos acostumbrado a nombrar por un número: decenas de muertos que conforman cientos de tragedias de las que el tiempo y las propias cifras, escalofriantes, nos empujan a alejarnos. Lágrimas de prisioneros horrorizados; guerras en mil lugares del mundo cuyo eco apenas si merece la escueta reseña de un breve lacónico, de acuerdo con el valor de las vidas que se cobran. Lloros de soldados escondidos en batallas que a casi nadie le importan y que ponen en peligro lo más valioso de lo que esa persona dispone: su propia vida.

Retumban los llantos de quienes sufren la ira rotunda –e incomprensible- de los fenómenos naturales; veo el futuro segado al volante de un coche, en donde el empeño por acercar el destino lo cambia de forma brutal.

Distingo –y comparto- el dolor de las víctimas que ven en la sonrisa de ese terrorista libre la muesca chulesca de un asesino incapaz de arrepentirse y que no se merece la generosidad de toda una sociedad. Y hasta veo lágrimas en el abrazo con sus padres de ese aprendiz de asesino que jugaba a alistarse en las filas de hediondez y se descompuso al verse delante de la Justicia.

Un mundo de corazones rotos, unidos de extremo a extremo por el dolor, por la pena, por el llanto. Y me pregunto cuándo empezará a resonar el eco del sonido del sentido común en el fondo del pozo terrible de la perversidad humana...

 

 

 

 

 

 

 

0 comentarios